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Foto: Archivo El Debate

In memoriam Mario Lavista

por Rodolfo Acosta R.

El 4 de noviembre de 2021 murió el gran compositor mexicano Mario Lavista, víctima del cáncer que lo aquejaba hacía un tiempo. Su creación del grupo Quanta en 1970, así como algunos escritos y composiciones de la misma década, lo ubican como uno de los iniciadores de músicas experimentales y electroacústicas en su país. Sin embargo, es la exploración de técnicas instrumentales actuales –en íntima colaboración con diversos solistas– lo que llevó a Lavista a encontrar una estética muy personal, refinada y expresiva, tal vez comenzando con “Canto del alba” (1979), para flauta amplificada. Cinco décadas de creación madura nos dejaron un legado musical maravilloso, particularmente en los campos de música de cámara, orquestal y vocal, que se edifican como patrimonio de toda América Latina y el mundo, no solo de su amada México.

Fue justamente en su ciudad natal donde tuve la suerte de conocer a Mario en 1998 y, a partir de entonces, desarrollamos una amistad que, así fuese a la distancia y apenas con encuentros esporádicos, mucho me ha dejado. Sumado a sus enormes talentos musicales, él era una persona encantadora, atractiva, brillante y carismática. Al margen de ello, desde la primera conversación que tuvimos me impactó la manera en la cual ponía a su interlocutor en el centro de todo, con una atención, respeto y cuidado ejemplares. Nunca le escuché hablar mal de otros, incluso de sus más agresivos críticos, a pesar de que muchas veces vi cómo algunas personas trataban de arrastrarlo a ello. Conozco a muchos exalumnos que hablaron siempre –no solo ahora, en la embriaguez póstuma– con amor y gratitud por la pasión y generosidad con la cual encaraba su rol como docente. Otra cantidad de intérpretes lo recuerdan por la manera en la cual les facilitó el tránsito desde la ejecución museística de los repertorios con los cuales fueron formados, hacia la aventura de ser partícipes activos en la música de su propio tiempo. Y, bueno, mi partituroteca y biblioteca están llenas de materiales maravillosos que llegaron a mis manos gracias a su incansable gestión al frente de Ediciones Mexicanas de Música y la revista Pauta, la cual fundó y dirigió desde 1982.

Este minúsculo resumen está lleno de ejemplos de cómo un músico puede y debe trabajar por su entorno… así como también de pistas para una simple coexistencia más civilizada. Es mucho lo que nos ha dejado Lavista; al final del día, no obstante, su principal legado son sus composiciones, muchas de ellas joyas, de las cuales se desprende la misma sensibilidad e inteligencia –la magia, incluso– con la cual pensó, habló y actuó en su paso por este mundo.